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El Retorno del Péndulo II

Por Juan David Morgan G.

Publicado por Portada Panamá

Septiembre 26, 2016

Pareciera que la transparencia fiscal, que con tanta hipocresía han venido imponiendo desde París los burócratas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), está alcanzando ahora a los más conspicuos miembros de ese cartel de países ricos. Aclaro que utilizo la palabra “hipocresía” en el estricto sentido que la define el Diccionario de la Real Academia Española: “Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan”. El término viene al caso porque, efectivamente, durante los últimos quince años la OCDE ha predicado e impuesto la transparencia fiscal únicamente a aquellos países y jurisdicciones que, por ser de economías emergentes, no gozan de la capacidad de defenderse, Panamá entre ellos. Para hacer efectiva su prédica, han elaborado listas discriminatorias de diversos matices destinadas a doblegarlos en caso de que tengan la osadía de oponerse a sus designios. De esas listas quedaban excluidos, por supuesto, algunos países miembros del cartel de la OCDE, que por su influencia y poderío económico podían mantener, sin ningún tipo de crítica ni mucho menos sanción, su tradicional opacidad en la creación de algunas estructuras offshore que son utilizadas a nivel mundial para evadir impuestos. En las evaluaciones que hacía la OCDE a fin de determinar si estos países privilegiados cumplían con la transparencia por ellos exigida, los mismos recibían la mejor de las calificaciones. Pero comenzaron las publicaciones escandalosas e incontrolables, entre ellas las derivadas de los mal llamados “Papeles de Panamá”, y el péndulo de la hipocresía pareció que comenzaba a oscilar hacia una transparencia más real y equitativa. Así, ha quedado al descubierto que en los Estados Unidos de América y en Gran Bretaña han funcionado y siguen funcionando jurisdicciones offshore que compiten favorablemente con las menos transparentes del planeta. En Estados Unidos, además de Delaware, famoso desde hace mucho tiempo por su renuencia a divulgar los beneficiarios finales de las sociedades que allí se incorporan, existen ya alrededor de trece estados que van por el mismo camino; los más conocidos: Nevada, Wyoming, South Dakota y Montana. En cuanto a Gran Bretaña, aparte de Londres, donde funcionan más de trescientas empresas dedicadas a la venta offshore sin mayores requerimientos y hay constituidas más de tres millones de sociedades offshore, están las jurisdicciones del Canal y algunas del Caribe, siendo British Virgin Islands la más conocida. Francia, país sede de la OCDE y el que con más saña e injustamente ha atacado a Panamá, también permite que funcionen desde su territorio empresas dedicadas a la venta de estructuras offshore opacas.

Pero ahora la guerra por la transparencia fiscal ha alcanzado una intensidad insospechada con motivo de la decisión de la Comunidad Europea de imponer un alcance fiscal para cobrar impuestos no pagados por Apple, una de las empresas norteamericanas más conocidas y exitosas, por la nada despreciable suma de trece mil millones de euros, que aún puede aumentar con intereses y multas. Quizás lo más notable y paradójico de la decisión es que Irlanda -el país favorecido porque allí se produjo la deficiencia fiscal y los trece mil millones irían a enriquecer sus arcas- ha objetado la decisión de la Comunidad Europea y ha anunciado que la apelará, igual que lo hará Apple, la empresa afectada. Pero si bien a primera vista parecería que Irlanda está rechazando recibir una muy importante suma de dinero, examinada más de cerca la posición de Irlanda resulta muy entendible: desde que ese país decidió establecer un sistema de baja imposición fiscal, ha logrado atraer muchas empresas transnacionales importantes que inyectan anualmente a la economía irlandesa sumas muy superiores y más permanentes que los trece mil millones de euros que, como la manzana envenenada de Blanca Nieves, ahora le quiere obsequiar la Comunidad Europea. Solamente en el condado de Cork, Apple tiene más de cinco mil empleados, que en un país pequeño, como lo es Irlanda, se traducen en una contribución importantísima para su economía. Una decisión en contra de Apple, como la que pretende imponer la Comunidad Europea, obligaría no solamente a Apple sino a las más de 700 empresas multinacionales a reconsiderar su permanencia en Irlanda, con el consiguiente perjuicio para la economía del país. Estamos hablando de empresas como Dell, Microsoft, Twitter, Pfizer y un larguísimo etcétera. De igual manera, el precedente fiscal afectaría a países como Holanda, donde Starbucks tiene una presencia importante, y Luxemburgo, sede europea de Amazon.

¿Qué se oculta detrás de este pugilato fiscal entre los Estados Unidos y la Unión Europea, en el que a Irlanda le corresponde el papel de víctima? Dicen algunos que se trata de una retribución de Europa hacia los Estados Unidos por las cuantiosas multas que las autoridades norteamericanas han impuesto a bancos europeos, acusados de violar diferentes regulaciones. Son notables las sanciones impuestas a los bancos UBS, nueve mil millones de dólares; Credit Swiss, dos mil seiscientos millones de dólares; Rabobank, 740 millones de dólares; BNP Paribas, nueve mil millones de dólares, y HSBC, mil novecientos millones de dólares, por mencionar los más significativos. Para otros analistas, el asunto va más allá: Europa se ha dado cuenta, finalmente, de que los incentivos fiscales son una manera eficiente de atraer inversiones y no quiere que sean países pequeños, como Irlanda y Luxemburgo, los que tengan el monopolio de tan atractivo negocio. Ahora resulta que los impuestos bajos no son tan malos como decía antes la OCDE, y países como Inglaterra y Francia, entre otros, ya se están preparando para ofrecer incentivos fiscales que contribuyan a atraer la inversión foránea que los ayudaría a compensar los excesivos gastos que el Estado Benefactor creado por ellos (populismo le decimos acá) los obliga a desembolsar año tras año con la consiguiente merma en sus economías. ¿Y qué pasará con Irlanda, que durante los últimos años ha creado un modelo económico propio para mejorar las condiciones de su pueblo? Tendrá que despertarse de sus sueños de alcanzar el desarrollo económico y esperar a que, después de su colapso la Comunidad Europea, a través de su Banco Central, le tire una toalla. Como dice el refrán africano: “cuando los elefantes pelean la hierba es la que sufre”.

El péndulo de la fiscalidad sigue oscilando, ahora a una velocidad inusitada, y aquí en Panamá, donde de un tiempo a esta parte nuestra economía tradicional viene siendo atacada inmisericordemente, debemos mirarnos en el espejo de Irlanda y comenzar a prepararnos en serio para no convertirnos en pasto de elefantes.

Reconocido abogado, escritor, académico, presidente del Patronato del Museo del Canal Interoceánico de Panamá y de la Junta de Síndicos de la Fundación Ciudad del Saber.

http://portadapanama.com/retorno-del-pendulo-ii/

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