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Palabras de Eduardo Morgan en encuentro de Ex Ministros de Gobierno y Justicia

Septiembre 7, 2016

Me siento muy honrado de poder dirigirles la palabra en este acto organizado para reunir a todos los que en un momento de nuestra vida tuvimos la responsabilidad de ocupar el cargo de Ministros de Gobierno. Este honor me lo dispensó Milton porque, según los anales que maneja, soy uno de los decanos de los ministros de Gobierno que aun andamos por este mundo. No debo dejar de reconocer que Milton pudo haber dado un salto cronológico y salirse del paso ignorando mi existencia poniendo como excusa la consagrada frase “ministros de la Democracia”.

Hoy, 7 de septiembre esta gentil invitación de Milton coincide felizmente con la celebración del trigésimo noveno aniversario de la de la firma, en la OEA, de los Tratados Torrijos-Carter. Y  Milton ni más más ni menos,  ha resucitado hoy el 11 de octubre de 1968 fecha de gran trascendencia en nuestra historia: los 13 años que cambiaron nuestro país. Sospecho que Milton ya me perdonó que en el programa radiofónico Info-análisis (siempre me invitan para hablar del 11 de octubre) le dije, palabras más, palabras menos, “Milton, la génesis de la Democracia en Panamá es el 11 de octubre de 1968”. Todavía no borro de mi memoria su mirada y el ¡Cómo! Y mi rápida respuesta: “A mí me tocó como Ministro de Gobierno intervenir en el nombramiento de la Junta Asesora que presidida por ese insigne jurista, Ricardo J. Alfaro, se encargó de iniciar las reformas electorales”. Recordemos que antes de las reformas electorales siempre ganaba el partido que estaba en el gobierno (ahora siempre gana la oposición) y es parte de nuestra historia el famoso recuento de votos cuando el Comandante José A. Remón depuso al Presidente Dr. Daniel Chanis quien sucedió a Domingo Díaz, (que había fallecido siendo Presidente) y en el recuento se reconoció la victoria del candidato opositor, Dr. Arnulfo Arias Madrid.

Por supuesto que el gran logro de Torrijos fueron los Tratados Torrijos-Carter, que consolidaron nuestra independencia como Nación, la recuperación del Canal y nuestra gran riqueza, la posición geográfica. Nuestro Centro Financiero también fue creado en esa época. Todo esto lo logró al establecer un gobierno de talentos. Las ideologías desaparecieron y fueron reemplazadas por una sola: la unidad del pueblo panameño para luchar por la consolidación de nuestra independencia y soberanía en todo nuestro territorio.

Esa unidad Torrijos la trasladó primero a nuestro hermanos de América Latina y el Caribe y luego, como apóstol,  viajó por el mundo entero para convertir a todas la naciones a la causa panameña.

Hoy me permito sugerirle a Milton que se señale esta fecha como el día de la Solidaridad de América Latina y el Caribe con Panamá, solidaridad que fue decisiva para mover al imperio norteamericano a acceder a nuestras pretensiones. La fuerza de este apoyo aparece en internet en los documentos desclasificados este año por Estados Unidos sobre las negociaciones. El documento 77 es una transcripción de una reunión del Consejo de Seguridad de EE.UU., presidido por el presidente Gerald Ford para tratar el tema del Tratado con Panamá.  Dice en síntesis: “Panamá nos importa un bledo; el problema lo tenemos con América Latina”. Y agrega Ford: “Cada vez que un mandatario nos visita el tema es Panamá”. Y dice Kissinger: “Cada vez que un funcionario nuestro va a alguno de esos países, el tema es Panamá. Si no concluimos un tratado con Panamá tendremos un problema permanente con América Latina”.

Nuestro país tiene una historia que merece ser contada. Es ejemplo de cómo un país pequeño es despojado por el imperio colonial de su riqueza, mediatizada, su soberanía  y condenado a perpetuidad a la pobreza. Cómo  logramos recuperar nuestra soberanía total y nuestra riqueza debe ser materia obligatoria del curso de relaciones con EE.UU. para que nuestros jóvenes conozcan de la lucha de nuestro pueblo que nos permitió ganar la guerra de la verdadera independencia.

En estos hechos históricos sobresalen los conceptos “Verdad”,  “Dignidad” y  “Denuncia”.

El primero, la Verdad, destaca el atraco que se cometió con Panamá en la interpretación y aplicación del tratado Hay-Bunau-Varilla.

Para Panamá, país de servicio, el Canal era un complemento al ferrocarril y sus puertos. Nuestra riqueza no venía ni de la minería ni de la agricultura sino de ser un país de tránsito. El nuevo tratado firmado con apuro y en horas de la noche por John Hay y Phillipe Bunau Varilla dejaba a Panamá sin las garantías que el Herrán-Hay le daba a Colombia. Sin embargo, a Panamá se le engañó con la cláusula que dejaba fuera de la concesión las ciudades de Panamá y Colón y sus puertos, que eran la razón de ser del tratado para Panamá.  Cuando Panamá, en la nota que el embajador de Obaldía entrega a John Hay (preparada por el insigne Eusebio A. Morales), reclama a EE.UU. que estaba ocupando los puertos sin derecho, éste le contesta una nota que confiesa el atraco hecho a nuestro país y es el preludio del mal trato que los panameños recibieron en su propio país. En esa nota le dice que el Tratado ha sido interpretado por Bunau-Varilla, embajador de Panamá y que los puertos a los que se refiere el Tratado son los del Mercado Público, el Muelle Fiscal y el de Folks River en Colón. Y que por ciudades de Panamá y Colón se entiende solo lo ya construido.

Son incontables los oprobios que sufrió el país durante la existencia de la Colonia conocida como el  Canal Zone: la discriminación contra los panameños, el Gold Roll y Silver Roll (discriminación en los salarios),  comisariatos y sanitarios separados para las personas de “color”, categoría que incluía a los “latinos”,  el tener que vivir en un gueto en el centro de tu propio país con “Aduanas” y licencia de manejo y de automóvil (placa) para transitar por la “Zona” enclavada en medio del territorio patrio. Estábamos tan aislados del resto del mundo que el mercado de la “Zona” se convirtió en el mercado de exportación de nuestros productos agrícolas y muchas veces estos se tropezaban con las leyes proteccionistas del poder colonial y teníamos que rogarles que las compraran. Tenían hasta lecherías para surtir su población  de productos lácteos y fincas agrícolas manejadas por “colonos” para sus verduras y vegetales para no tenerlas que adquirir de nuestros campesinos. El egoísmo del imperio para que Panamá no se desarrollara y progresara llegó a límites aberrantes cuando trató de impedir que obtuviéramos un préstamo con la garantía de “los fondos de la posteridad” (los 8 millones del pago de 10 millones por la concesión invertidos en hipotecas en New York) para financiar la construcción de un ferrocarril o una carretera entre Panamá y David. En ese tiempo hasta para ir a La Chorrera había que hacerlo por mar, porque el país carecía de vías de comunicación.  En una nota del Departamento de Defensa al Departamento de Estado y del Tesoro (en 1911) se les pide que se opongan a como dé lugar a que Panamá obtenga ese financiamiento “porque para la defensa del Canal a Estados Unidos no le conviene que Panamá tenga buenas vías de comunicación”.

Conocer la historia y los prohombres que lucharon para lograr lo que hoy tenemos nos harán un mejor país y nos preparará para seguir luchando contra los imperios neocoloniales que inventan toda clase de subterfugios y listas discriminatorias porque quieren evitar que Panamá sea un competidor de sus negocios. Panamá, país de servicios por excelencia, tiene perfecto derecho a utilizar su gran recurso, la posición geográfica, para competir en este mundo globalizado. Recordar la experiencia que tuvimos cuando nos privaron de nuestra posición geográfica debe servirnos para que no vuelvan a subyugarnos.

En cuanto a la Dignidad nada más quiero referirme a la que se manifestó en el valor de nuestros estudiantes, mártires del 9 de enero, y de ese gran patriota, el presidente Roberto. F. Chiari cuando rompe relaciones con el imperio y exige un nuevo tratado para restaurarlas. ¿Creen ustedes que si los mártires del 9 de enero no hubieran defendido su bandera y el presidente Chiari no hubiera roto las relaciones tendríamos hoy un Canal 100% panameño sin Zona del Canal y sin bases militares? Esa dignidad inspiró a Omar Torrijos a subir el último peldaño en la lucha generacional y a otro gran presidente, Guillermo Endara, a decirle al imperio que durante su gobierno, entonces un país ocupado, no se hablaría de negociar bases militares.

La denuncia es otra de las armas del arsenal que utilizan los países pequeños para defenderse. Panamá la usó para afear la conducta colonialista de E.E.UU. frente a todo el mundo. Recuérdese que en aquellos tiempos en el mundo había dos imperios: el malo, la Unión Soviética, y el bueno, Estados Unidos, que no podía ser considerado imperio bueno si mantenía el estatus de Panamá. Torrijos usó la denuncia con gran eficacia.  La reunión del Consejo de Seguridad en Panamá en 1973, le hizo conocer al mundo entero nuestra situación de país explotado y con una colonia extranjera en medio de nuestro territorio. Torrijos consiguió el apoyo del resto del mundo e incluso con la divulgación llegó a la conciencia misma del pueblo americano. No hay que perder de vista que Estados Unidos es un gran país en donde la justicia, el “fair play”, ocupa un lugar importante. Así, logró que un  porcentaje significativo de su opinión pública apoyara hacerle justicia a Panamá y ello llegó al alma misma de ese gran individuo, Jimmy Carter, para borrar esa mancha de la historia norteamericana.

El gobierno panameño debe cumplir con la obligación que le impone claramente el artículo 17 de la Constitución Nacional de “proteger en su vida, honra y bienes a los nacionales donde quiera que se encuentren y a los extranjeros que estén bajo su jurisdicción”. Para ello tendrá que emprender acciones rigurosas ante la OCDE y el gobierno norteamericano, para que cesen los ataques e injusticias en contra de nuestro país y de quienes aquí convivimos.

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