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Epicentro de la historia: el 7 de septiembre Panamá venció al imperio

Septiembre 18, 2016

Publicado en La Estrella de Panamá

Eduardo Morgan asegura que Omar Torrijos es uno de los hombres más brillantes que ha conocido / Jaime Lúcar | La Estrella de Panamá

El abogado Eduardo Morgan relata a ‘La Estrella de Panamá’ algunas anécdotas de sus vivencias con el general Omar Torrijos a Mónica Guardia

Para Eduardo Morgan, socio de la firma legal Morgan y Morgan, el 7 de septiembre de 1977 es una de las fechas más significativas de la historia del país.

‘Con la firma del Tratado Torrijos Carter, ese día, se selló la victoria de un país pequeño, despojado de su riqueza, de su soberanía y condenado a la pobreza, sobre la más fuerte potencia mundial e imperio colonial’, sostiene el abogado, exministro de Gobierno y Justicia (1968), exembajador de Panamá en Estados Unidos (1996-1998) y enviado personal del presidente ante el Gobierno de Japón (1979-1982) .

A juicio de Morgan, estudioso de la historia panameña (y cuya tesis de maestría en la Universidad de Yale se tituló ‘Beneficios y Control sobre el Canal de Panamá’, 1969)—, el triunfo panameño de 1977 se basó en el hábil uso de las armas que el país tenía a su alcance: la verdad, la dignidad y la denuncia. Con ellas, ganó para su causa el apoyo de gran parte del mundo, y especialmente el de los países latinoamericanos, clave para el triunfo panameño.

‘Hace unos días sugerí al ministro de Gobierno Milton Henríquez que se señalara el 7 de septiembre como el Día de la Solidaridad de América Latina y el Caribe con Panamá, porque esta fue decisiva para mover al imperio norteamericano a acceder a nuestras pretensiones’, dice.

La prueba de ello, prosigue, se puede encontrar en los documentos declasificados por el Departamento de Estado el año pasado, el volumen XXII de Relaciones Exteriores que incluye la documentación sobre la negociación de los nuevos tratados para el Canal de Panamá, entre 1969 y 1976.

En ellos se pone claramente de manifiesto la presión que los países latinoamericanos ejercían sobre Estados Unidos de y la molestia de los gobernantes porque Panamá intentara convertir este tema en uno multilateral, cuando ellos insistían en que se mantuviera como un asunto entre ambos países.

‘Los documentos recogen las quejas del presidente Gerald Ford y del secretario de Estado Henry Kissinger de no poder reunirse con un representante de un gobierno latinoamericano que no les preguntara por el tema de Panamá’.

‘A ellos no les importaba con Panamá, pero no podían arriesgarse a poner en peligro sus relaciones con todo un continente, ni con el mundo no alineado, que propugnaba por un mundo libre de colonialismo’.

Ello los obigó a poner fecha a un nuevo tratado.

ANÉCDOTAS

Eduardo Morgan estuvo allí. En el epicentro de los acontecimientos.

La amistad que había desarrollado temprano en los 60 con el entonces jefe policial de Chiriquí, Omar Torrijos Herrera, terminaría por lanzarlos a ambos y a algunos otros como actores de la historia.

Desde su privilegiada posición, Morgan pudo participar y observar cómo se tejían los hilos, cómo se daba forma a decisiones osadas como el golpe de 1968, la reunión del Consejo de Seguridad en Panamá, en 1973, la apertura de relaciones con Cuba, el coqueteo con el movimiento de Países No Alineados.

En entrevista sostenida en el edificio de Morgan y Morgan y Morgan y entre una de las colecciones de arte moderno más espectaculares del país, el abogado hizo recuento de algunas vivencias que mantiene en la memoria y que ayudan a entender los acontecimientos que concluyeron en la firma de los tratados.

‘Nos veíamos mucho, primero en Chiriquí y luego en Panamá. Salíamos a cenar con nuestras parejas. Conversábamos sobre los asuntos del país. Por eso te puedo decir que el general Omar Torrijos era un hombre inteligentísimo y planeó todo como una operación matemática’, dice.

‘Nunca olvido una noche que pasamos en la casa de mi primo Rory González, en Los Ángeles —también amigo del general— cuya terraza tenía una vista privilegiada al Cerro Ancón. Estábamos allí, cuando Omar me dijo: ‘Eduardo, antes del año 2000 el Canal va a ser nuestro. Y en ese cerro voy a poner la bandera más grande que se haya visto en este país”.

‘Yo le respondí que estaba loco, que eso no podía ser tan pronto, pero él estaba convencido de que así iba a ser. Y así fue’, recuerda.

‘Te voy a decir algo. Yo fui a una de las mejores universidades de Estados Unidos. Fui embajador en Estados Unidos. Me he codeado con gente muy inteligente y te digo una cosa, pocas veces he visto a alguien más brillante que Omar. Es algo que nunca le han querido reconocer aquí’.

‘Si ves la relación que mantuvo con personalidades como García Márquez, con presidentes de todas partes del mundo; si lees las memoria del presidente Jimmy Carter, te encontrarás que Torrijos aparece puesto sobre un pedestal. Es que el tipo tenía un carisma… se metía a la gente en el bolsillo, por su franqueza, su sencillez’.

Para Torrijos, continúa Morgan, el momento de decisión fue el golpe que intentaron hacerle el 15 de diciembre de 1969 los coroneles Amado Sanjur, Ramiro Silvera y Luis Nenzen Franco, cuando estaba en México.

‘A mí me contó Fernando Eleta, quien estaba también en México, en el mismo hotel, que cuando le avisaron del golpe, Omar lo llamó a su suite desesperado. Decía que tenía que regresar de todas formas a Panamá, porque él conocía a esa gente y que era lo peor que le podía pasar al país’.

‘Fernando Eleta le creyó y entre él y sus compañeros Rubén Darío Paredes y el mayor Rodrigo García, hicieron los arreglos para el viaje de regreso hasta David, Chiriquí, en avioneta’.

‘De allí se fueron en caravana hasta Panamá, a la que se le iría uniendo el pueblo. Ese viaje terminaría convirtiéndolo en el líder indiscutible de Panamá’, dice.

‘Después de esa intentona de golpe, Torrijos cambió. Allí tomó la decisión de que lucharía con todas sus fuerzas para liberar a Panamá del yugo que lo mantenía atado a los gringos’, recuerda Morgan .

Otro de los hechos que, de acuerdo con Morgan, más ayudaron a Torrijos fue la reunión del Consejo de Seguridad en Panamá, entre el 15 y el 21 de marzo de 1973.

La reunión fue un éxito para Panamá y al final se concluyó con una resolución en contra del colonialismo en la cuestión del Canal que recibió 13 votos a favor: Australia, Austria, China, Francia, Guinea, India, Indonesia, Kenia, Panamá, Perú, Sudán, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y Yugoslavia. La denuncia hizo mella en el mundo entero.

En todo momento, Panamá contó con el apoyo irrestricto de los países latinoamericanos, especialmente los del presidente colombiano Alfonso López Michelsen y el venezolano Carlos Andrés Pérez.

Este último apoyo, dice Morgan, lo obtuvo él para Torrijos.

‘Yo había entablado amistad con Carlos Andrés Pérez a través de un mutuo amigo. En una ocasión lo recibí cuando visitaba el país por dos días, cuando ya era un dirigente político importante. En un momento, lo llevé a observar el Puente de las Américas y nos agarró un aguacero de padre y señor nuestro. Tuve que detener el carro y nos quedamos allí por un largo rato viendo el Canal. En un momento, Carlos Andrés me dice: ‘Mira, amigo Eduardo, mientras Panamá tenga aquí a la Zona del Canal no será un país realmente independiente… Tendrá su independencia disminuida’. Yo le respondí: ‘Caudillo, cuando usted llegue a la Presidencia nos va a ayudar’, a lo que él me contestó ‘Claro que sí. Cuenten conmigo”.

Con el tiempo, dice Morgan, él hablaría a Pérez de Torrijos y este quedaría convencido de que era ‘lo mejor para Panamá’, y lo apoyaría en muchos de sus proyectos, sobre todo, en la promoción de la causa panameña de los tratados.

Él sería uno de los firmantes de la Declaración de Contadora, junto a López Michelsen y Carlos Oduber, de Costa Rica.

La apertura de relaciones diplomáticas con Cuba (proscrita por la OEA en 1964, por presión de Estados Unidos) sería, en opinión de Morgan, otro de los puntos claves de la lucha panameña.

‘Esto lo recuerdo siempre con emoción, porque en mi casa se hacían las reuniones con los representantes de Venezuela, Costa Rica y Colombia y el de Cuba, Roberto Hernández. Se planeaba abrir las relaciones en conjunto. Sin embargo, Torrijos se cansó de esperar a que los demás países resolvieran sus problemas constitucionales’.

l 22 de agosto de 1974, Panamá abrió relaciones diplomáticas con Cuba que, un hecho que, según Morgan, nunca se ha analizado en su verdadero significado.

‘El día que se anuncia por radio la apertura de las relaciones, estábamos en la casa de Alberto Pons, otro gran amigo del general. Eso fue un escándalo. Torrijos, que era muy bromista, se reía, y decía que en cualquier momento llegaba el griego (‘Jimmy’ Lakkas) para decirle que eso no se podía hacer, porque los gringos se iban a molestar’.

‘No llegó Lakas, pero sí el embajador de Estados Unidos, William Jorden, con una declaración firmada, advirtiendo que no se debía abrir comunicación con ese país comunista’.

‘Torrijos lo miró de arriba a abajo y, sorprendido, le dijo ‘Embajador, usted se ha equivocado. Esto no es para mí. Esto es para el gobernador de Puerto Rico. Panamá es un país soberano que puede escoger a sus amigos”.

Abrir relaciones con Cuba era en el fondo una provocación, pero calculada. A la vez que anunciaba la visita de una delegación de panameños de alto nivel a Cuba, se cuidó de que esta fuera dominada por gente indudablemente de derecha. La comisión fue presidida por Nicolás Ardito Barletta, el ministro de Planificación, quien fue acompañado por Gabriel Lewis Galindo, y yo. También nos acompañaron Rómulo Escobar y Rodolfo Ahumada, que eran izquierdistas muy amigos de Fidel. A ellos Torrijos les dio instrucciones de mantener un bajo perfil’.

‘La apertura con Cuba fue clave, porque en aquel momento Fidel Castro era la figura más llamativa de la izquierda en el mundo y eso nos abrió puertas para llevar el mensaje de Panamá a otras fronteras y a amistades con otros líderes, como el Mariscal Tito, que era el jefe de los países no alineados’.

‘Torrijos empezó a recorrer el mundo. Iba a Israel y luego iba a Líbano… se metió en el alma de los demás… Así pudo convertir la causa de Panamá en la causa de América. Ello fue lo que obligó a Estados Unidos a firmar finalmente el Tratado Torrijos Carter’.

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